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Instituto Mariano Moreno
Sarmiento
160 – (B6441ACC) Rivera
TeleFax (02935) 432074
Desde sus orígenes
hasta nuestros días
El
contexto:
Hacia 1.950, Rivera se estaba consolidando como pueblo pujante, por obra
y gracia de esos solidarios esfuerzos colectivos, que se sucedieron desde
los orígenes mismos de la colonia.
El Centro Cultural Israelita se había convertido en un centro irradiador
de cultura; el Hospital Dr. Noé Yarcho, satisfacía generosamente
las necesidades de la salud de la población y el sistema cooperativo
se ramificaba y alentaba la solidaridad. Pero había una necesidad
todavía insatisfecha: la de los adolescentes que querían
continuar estudios secundarios y estaban obligados a irse de la localidad
para poder hacerlo, y esa posibilidad estaba reservada a unos pocos: a
aquellos cuyos padres contaban con los recursos económicos suficientes
para enviarlos a Carhué o Bahía Blanca
La idea:
Y en ese Rivera de los años cincuenta, a cada necesidad se le daba
una respuesta comunitaria. Y el movimiento comunitario se generó
cuando la Jewisch Colonization Association (ICA), la empresa colonizadora
que propició la instalación de los primeros colonos, lanzó
la idea de crear en Rivera un colegio secundario, en una reunión
celebrada el 4 de noviembre de 1.950, en el domicilio del Sr. Mosnaim,
que era Administrador de la institución..
El Dr. Kurt RIGNER, funcionario de ICA, expuso la idea ante Juan Cejpek,
Elías Saltiel, Valentín Goldin, Alfredo Lewcovitz, Manuel
Beiser, Naón Schamsanovsky, Juan Archanco, Isaac Schatzky, Gregorio
Barindorf, Jacobo Korobka y Abraham Engelberg, quienes luego de escuchar,
preguntar y opinar, se retiraron con la convicción de que se podía
concretar.
Y no perdieron tiempo. De inmediato se convocó a una asamblea,
que se reunió el día 6, y fue presidida por D. Juan Cejpek,
y en la que se eligieron a los miembros de la comisión provisoria,
encabezada por Isaac SCHATZKY y la Sra. Teresa Santiago de SALVO, que
se encargó de realizar las gestiones tendientes a concretar la
iniciativa.
De inmediato, un grupo de personas se trasladó a la Capital Federal
para interiorizarse de cuáles eran los requisitos para la creación;
ver el programa de estudios y la manera en que se debía gestionar
el nombramiento de los profesores que dictarían cada una de las
asignaturas.
Mientras tanto, la comunidad enviaba telegramas al Ministro de Educación,
Dr. Armando Méndez San Martín, clamando por la apertura
del colegio.
La concreción:
Esto trae como consecuencia
una autorización provisoria, con fecha 19 de enero de 1.951, para
que el colegio comience a funcionar el 2 de abril de ese año, con
la condición de cumplir con los requisitos legales exigidos por
el ministerio.
Pero el verano pasó y las autoridades no enviaban la resolución
definitiva, por lo que, para no perder otro ciclo lectivo, una asamblea
tomó la histórica decisión de comenzar las clases
el 2 de abril.
Aprobó los estatutos; decidió alquilar un local, en una
casa construida un año antes por Herman Strocowsky, en la actual
calle H. Irigoyen, entre Teodoro Hertzel y Uruguay, y se pidieron prestados
los elementos básicos para poder desarrollar la nueva actividad.
No es difícil imaginar aquel 2 de abril de 1.951; aunque sus protagonistas
no lo supieran, estaban comenzando a escribir las primeras líneas
de un capítulo que se incorporaba a la historia de Rivera, para
llenar una de sus páginas más trascendentes.
Ellos estaban allí, formados frente a la caña tacuara que
reemplazó al mástil que no poseían. Izaron la Bandera;
escucharon las palabras de la secretaria, Sra. Teresa de SALVO, entonaron
el Himno, y acompañados de sus padres, profesores, miembros de
cooperadora y algunos vecinos, los veinticinco primeros alumnos del Instituto
Mariano Moreno, pasaron al salón de clases.
Conseguir ese número de alumnos para iniciar el primer año
no fue tarea fácil. La sociedad de la época estaba conformada,
en su mayoría, por comerciantes, artesanos, comerciantes y empleados
que no estaban totalmente convencidos de las posibilidades que se les
abrirían a sus hijos si pudieran hacer el secundario.
Hubo que hablar con ellos y convencerlos; tarea que no fue fácil.
A los pocos días se celebró un segundo acto, más
solemne que el primero, esta vez con la presencia de funcionarios nacionales,
que oficializaron la creación.
Luego vinieron las inspecciones de rigor que corroboraron el buen funcionamiento
del colegio, y que determinaron, el 26 de julio del mismo año,
que el Ministro de Educación resolviera: “acordar, a partir
del 2 de abril último, los beneficios de la adscripción
al 1º año del Ciclo Básico del Colegio Nacional de
Carhué, al Instituto Mariano Moreno de Rivera”.
La adscripción al Colegio Nacional de Carhué se mantendrá
hasta 1.960, cuando el Poder Ejecutivo Nacional concedió la autonomía
a todos los colegios privados del país.
El Instituto ya estaba en marcha, y en 1.955, año del cincuentenario
del pueblo, la primera promoción culminaba sus estudios, con el
colegio instalado ya en un nuevo local, propiedad del Sr.Aarón
Grimberg, en la calle 25 de mayo, entre Tucumán y B. Hirsch, frente
al correo, que alquilaba desde 1.954.
El edificio
propio:
En 1.968 se obtuvo
la Personería Jurídica, en cuya gestión participaron
activamente los doctores Tomás Bernard y Jorge Caldas Villar, y
el colegio se había consolidado como tal: nadie dudaba de su importancia,
y se lo reconocía por su calidad.
El momento era ideal para comenzar una nueva etapa, con un objetivo concreto:
la construcción edificio del Instituto, bajo el lema de “construir
y construir”. para nosotros, para nuestros hijos y los hijos de
nuestros hijos”.
Una publicación realizada en 1.968 con motivo de la obtención
de la personería jurídica, y en la que se reseñaba
la trayectoria del Instituto hasta ese momento, hace pública la
decisión de la Cooperadora de lograr el edificio propio, y apela
al aporte de los pobladores para “ver nacer y crecer el nuevo edificio,
que será orgullo nuestro y testimonio de que nuestra generación
supo continuar su camino ascendente de conquistas materiales y espirituales,
que nos trazaron nuestros mayores”.
La construcción comenzó el 26 de junio de 1.971, bajo la
dirección de los arquitectos León y Mauricio Abrabanel,
se prolongó por algo más de tres años, y a su término
Rivera modificó su paisaje urbano, y los alumnos y docentes contaron
con una infraestructura moderna y cómoda, para desarrollar las
clases.
Es a partir de aquí cuando, a favor de las comodidades que brinda
el nuevo edificio, se comienza a equipar cada sección. Así,
se instala el Laboratorio de Físico-Química y Ciencias Naturales,
al que se lo equipa con modernas mesadas dotadas de agua y mecheros de
gas, y se adquieren los elementos necesarios para que alumnos y profesores
puedan desarrollar las clases experimentales allí.
Lo mismo ocurre con la Biblioteca, en la que hay que destacar el solidario
trabajo de la señorita Gloria Castillo, que, “ad honorem”,atendió
la Biblioteca y estimuló a los alumnos a trabajar en ella. Su dedicación,
y la donación de libros que hacieron los alumnos, ex alumnos, padres
y profesores, permitieron reunir los mil volúmenes que exigían
las autoridades de la Superintendencia Nacional de la Enseñanza
Privada (SNEP) para reconocer la nueva sección.
En 1.981, luego de que esos libros fueran inventariados y fichados, se
obtuvo la autorización para nombrar un Bibliotecario, subvencionado
por el Estado.
Hoy, la Biblioteca cuenta con más de 3.500 volúmenes, que
los alumnos consultan en ella o retiran en carácter de préstamo
a domicilio, y se le ha incorporado Internet, para que tengan acceso a
la más moderna tecnología que proponen los tiempos actuales.
Tiempos modernos
En el mundo de los
’90, el viejo bachillerato, que estaba avalado por el decreto 6680
del año 1.956, ya no tiene razón de ser. Si bien los contenidos
de las asignaturas habían sido actualizados, el plan no permitía
la incorporación de nuevas disciplinas, más acordes con
los tiempos actuales. Es por eso que en 1.992, se lo reemplaza por un
nuevo plan de estudios, que introduce a la informática al colegio.
A partir de ahí, los egresados dejarán de ser Bachilleres
comunes, para acceder al título de Bachilleres con Capacitación
Laboral en Informática. Especialidad a la que acceden con la incorporación
de nuevas asignaturas, tales como: Computación Aplicada, Redes
de Computadoras, Sistema Operativo, entre otras.
Si a esto le sumamos la incorporación de un moderno Laboratorio
de Idiomas, y la conexión a Internet, de la que dábamos
cuenta cuando nos referíamos a la Biblioteca, podemos afirmar que
el Instituto se adaptó a los tiempos modernos, y en la medida de
sus posibilidades fue dando respuestas concretas a cada necesidad que
se le fue presentando.
Por eso no sorprende la implementación, en 1.994, del Bachillerato
de Adultos, para atender los reclamos de un sector de la comunidad, que
quería tener acceso a los estudios secundarios, y que se acercó
al colegio a plantear su inquietud.
De cómo respondió el Colegio, habla a las claras el egreso
en 1.996 de la Primera Promoción de Bachilleres de Adultos. Veinte
personas que tuvieron la oportunidad de demostrar que, cuando se trata
de educación, cualquier edad y cualquier momento sirven.
El Colegio
hoy:
Así, entramos
al colegio actual, que está ubicado en la calle Sarmiento Nº
160, entre las calles Rivadavia y 25 de Mayo.
El edificio cuenta con dependencias amplias y totalmente equipadas para
el desarrollo de la actividad. Posee cuatro aulas amplias (y espacio suficiente
para agregar alguna más, si se necesita); un depósito; tres
laboratorios totalmente equipados: de Informática, de Idiomas y
de Ciencias Naturales y Físico-Química; una Biblioteca,
con una amplia sala de lectura; un aula para video y música; Sala
de Profesores y oficinas para el funcionamiento de Dirección, Secretaría
y Preceptoría.
Todas las secciones cuentan con computadoras, y posee fax y correo electrónico.
Su actividad diaria se prolonga desde las 8 de la mañana hasta
las 23, para atender las secciones de la E. G. B, del Polimodal y del
Bachillerato de Adultos.
Por la mañana asisten a clase los alumnos del tercer ciclo de la
EGB; por la tarde funciona el Polimodal, para el que se adoptó
la modalidad Humanidades y Ciencias Sociales y por la noche se imparte
educación para Adultos.
Para atender esta oferta educativa, el Instituto cuenta con una Planta
Funcional conformada por un Director, un Secretario, una Bibliotecaria,
tres Preceptores, una Ayudante de Clases Prácticas, 30 docentes
y dos Porteras.
Los alumnos se agrupan en un Centro de Estudiantes y representan al Instituto
Mariano Moreno en múltiples actividades.: Los Torneos Juveniles
Bonaerenses, las Olimpíadas de Matemática, Biología
y Filosofía, entre otras, supieron de la participación de
alumnos que llevaron a lo más alto el nombre del Instituto.
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