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Centro Cultural Israelita y Biblioteca Popular José Ingenieros
Los Colonizadores 235 - Tel: (02935) 432073
Dos
vertientes dieron forma y contenido al Centro Cultural Israelita y Biblioteca
Popular José Ingenieros: el CENTRO JUVENTUD ISRAELITA Y EL CENTRO
OBRERO.
El “Club de la juventud israelita para recreo y desarrollo intelectual”
nació en el local de la Cooperativa Agrícola “Barón
Hirch”, en el año 1912. Esa ambiciosa denominación
fue luego reducida y pasó a llamarse “Centro Juventud Israelita”.
Libros y funciones teatrales fueron su “leit motiv”, luego
lo fue también el cine y, para ello, necesitaban una sede. Surgió
así aquel glorioso galpón, construcción de chapas
y tirantes que albergó acción social y cultural. El terreno
fue donado por al Jewish Colonization Association” (J.C.A.) y los
materiales, obtenidos mediante colectas realizadas entre la población.
En
1916 un grupo de obreros, artesanos y empleados, crea la “Unión
Obrera Israelita”, convertida posteriormente en “Centro Obrero”,
animado por el propósito de brindar “socorros mutuos y enseñanza”,
derivando en otra agrupación la misión gremial.
Si bien ambas entidades
tenían distintas ideas respecto a algunas cuestiones, principalmente
en lo referente al renacimiento nacional judío, la similitud de
actividades culturales, la reducida cantidad de habitantes y el esfuerzo
de los dirigentes de uno y otro sector, condujeron a su unificación.
La tarea fue difícil y prolongada, recién el 31 de mayo
de 1.925, se reúnen 72 socios de ambas entidades y constituyen
el “CENTRO CULTURAL ISRAELITA”. La primera
Comisión Directiva, elegida mediante votación secreta, estuvo
presidida por el sr. Sansón Drucaroff, David Zsmud, Vice; I. Halperin,
secretario; Angel Schvartz, pro; Najman Traiber, tesorero; vocales: León
Karabelnikoff, Elías Schneided, Samuel Wainfeld, S. Kantarovich,
Jacobo Merpert, I. Resnik, L. Sigal; suplentes: A. Leschinsky y J. Blejman;
síndicos: A. Schlapacoff y Rubén Koifman, y la sub-comisión
de Biblioteca quedó integrada por los señores Samuel Vainfeld
y Salomón Kantorovich. La consigna que encabezó los Estatutos
de la nueva entidad fue FOMENTAR Y DESARROLLAR LA CULTURA ARGENTINA, JUDÍA
Y GENERAL.- Con la creación de esta Institución culminaba
un proceso iniciado con la Colonia misma, cuando los inmigrantes judíos
buscaron y hallaron en las expresiones culturales alivio y consuelo para
sus angustias.
La
Biblioteca, declarada Popular por el Ministerio de Educación de
la Nación por Resolución del 3 de abril de 1.928, fue la
constante de toda la actividad cultural . El libro como fuente y vehículo
de cultura, fue el compañero ideal y una cuidadosa selección
precedía a cada compra . Entes oficiales, especialmente la Comisión
Nacional de Bibliotecas Populares y Dirección de Bibliotecas de
la Provincia de Buenos Aires, embajadas, instituciones y particulares,
contribuyeron a través de donaciones, a engrosar el fondo bibliográfico
de la Biblioteca, la que al superar los 10.000 volúmenes, en el
año 1.975, fue ascendida a categoría “A”, conforme
a la reglamentación oficial.
En la Asamblea del 21 de junio de 1.931, se trata la necesidad de dar
un nombre a la Biblioteca. Se proponen nombres trascendentes: “Alberto
Einstein”, “Enrique Heine”
y “Baruj Spinoza”, pero triunfa la moción del Dr. M.
Lapacó, quien recomienda a los señores socios “que
tengan en cuenta que, viviendo nosotros en un país libre como la
República Argentina donde se nos permite desplegar nuestras actividades
en toda forma, se tribute un homenaje al país dando el nombre de
una personalidad argentina a nuestra Biblioteca y propone se llame Biblioteca
Popular José Ingenieros”. Así permanece su denominación
hasta que, cumpliendo con un requerimiento de la Dirección de Bibliotecas,
por resolución de Asamblea General Extraordinaria del 29 de junio,
de 1.990, se modifica el artículo N* 1 de los Estatutos y se establece
la denominación actual: CENTRO CULTURAL ISRAELITA Y BIBLIOTECA
POPULAR JOSÉ INGENIEROS.
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Centro Cultural Israelita
Por Adelinda Castillo de Alcayaga
Si releemos los libros que
con motivo del cincuentenario de Rivera, se publicaron en esa oportunidad
vemos que los escritores que se tomaron ese trabajo dejaron impresa la
historia de medio siglo de este pueblo, nacido como consecuencia de la
llegada de los colonizadores traídos por el Barón Hirsch.
Los colonizadores traían afianzada la cultura de sus países
de origen, de manera que desde el primer momento se reunieron en casas
particulares, donde se conversaba, se leía y se comentaba lo leído.
Este deseo de reunirse trajo la necesidad de tener un lugar común
donde realizar las actividades, y así como aparecieron los primeros
comercios, muy pronto también el cooperativismo que dio a Rivera
un carácter muy especial, se impuso la necesidad de otras instituciones
como el Hospital Dr. Noé Yarcho y un centro destinado a hacer cultura.
Nació así el Centro Cultural Israelita, fundado el 31 de
mayo de 1925. Los integrantes de esta primera comisión pertenecían
a familias tradicionales cuyos descendientes continúan actuando
en las actividades riverenses.
Hasta que se levantó el primer salón , (que los fundadores
llamaban “galpón”) siguieron reuniéndose en
casas particulares. Cuando estuvo listo el galpón, vasto local
de chapa canaleta y tirantes de madera, ya estaba echada la suerte de
lo que sería de ahí en más el corazón de la
cultura riverense.
En ese galpón se reunían los vecinos a escuchar radio, en
el primer aparato que lograron adquirir, y surgió la necesidad
de comprar libros, dando origen a la Biblioteca, que por iniciativa de
don Mauricio Lapacó, miembro activo de esas actividades, se llamaría
“Biblioteca José Ingenieros”, en honor del gran escritor
argentino, autor de “evolución de las ideas argentinas”.
Las dificultades económicas que casi siempre estuvieron presentes,
impedían la adquisición de abundantes libros. La biblioteca
iba creciendo con donaciones, y en una oportunidad en que se logró
reunir la suma de mil pesos, todo el dinero se invirtió en libros,
que de acuerdo a los estatutos debían comprarse así:
· 40 % en castellano
· 30 % en idisch
· 20 % en ruso
· 10 % en hebreo
La biblioteca fue desde el principio el centro de actividades del Centro
Cultural Israelita y a través de los años, no solo a centrado
actividades sino que es notable su crecimiento. En la actualidad cuenta
aproximadamente con 23.000 volúmenes, entre los que se hallan novelas,
ensayos, teatro, poesía y excelente material de consulta.
En el edificio actual, la biblioteca está en el piso alto, cuando
se advirtió la necesidad de una sala de estudio y lectura, se agregó
a lo ya hecho una sala, donde hay un promedio de sesenta lectores por
día, casi siempre estudiantes de primero y segundo nivel, que encuentran
allí la información que buscan y el apoyo del personal bibliotecario.
La bibliotecaria, Sra. Elba Díaz de Nogueira, está al frente
de la biblioteca desde el 1 de abril de 1978.
Además de los lectores en la sala, la biblioteca funciona con préstamos
a domicilio. Es interesante conocer ese movimiento a través de
la memoria de diciembre de 2003:
·
Préstamos a domicilio: -mujeres lectoras: 4.480 / -varones lectores:
1.729
· Préstamos en sala: 3.947
· Lectores en sala: 5.725
· Diccionario telefónico: 76 consultas
· Usuarios de Internet: 93
· Préstamos especiales: -mujeres: 450 / -varones: 20
Pero la biblioteca “José
Ingenieros” no reduce a esto su actividad. Es importante la extensión
bibliotecaria. Todos los años se desarrollan actividades distintas:
club de lectura, juguemos a investigar, maratón de lectura, la
hora del cuento. Cada quince días se hace un micro: “Cultura
para todos”, para acercar los lectores a la biblioteca.
Nos resulta muy gracioso ver salir a la bibliotecaria, con su vieja valija
de cartón llena de material para trabajar con los niños
en la escuela elegida ese día. La señora bibliotecaria,
con sus alumnos de 2 º año de Polimodal de la Escuela Agropecuaria
“Dr. Bernardo de Irigoyen”, prepara desde hace siete años,
para celebrar el “Día del Inmigrante”, una actividad
que titulan “en busca de nuestras raíces”. Los alumnos
que pueden reunir los datos que necesitan, hacen su árbol genealógico.
La bibliotecaria asiste a encuentros distritales y a los que se realizan
en la ciudad de La Plata, con asistencia de bibliotecarios y representantes
de comisiones directivas de las casas de cultura con la finalidad de conocer
y resolver problemas.
En la biblioteca “José Ingenieros”, se lleva un archivo
de recortes periodísticos que respondan al interés de los
investigadores. Se reciben por suscripción dos ejemplares semanales
de “Clarín” y “La Nueva Provincia” de los
domingos, y dos periódicos editados en Carhué que llegan
sin cargo.
La biblioteca José Ingenieros, cuenta con un subsidio de la Dirección
de Bibliotecas de la provincia de Buenos Aires y la CONABIP le envía
muy buen material bibliográfico, remitió un TV color, una
video cassetera y películas de cine argentino y algunos CD culturales.
Sin duda la biblioteca centraliza una buena parte de la actividad tanto
ahora como en el viejo “galpón”, que era una sala con
escenario con un hermoso telón de frente, butacas de madera al
centro y en ambos laterales, palcos para cuatro o seis personas, y una
araña grande pendía del cielo raso en el centro del salón.
Fue durante muchos años el ambiente natural de todas las actividades:
teatro, conferencias, espectáculos, veladas escolares, bailes y
proyección de cine, actividad que se tuvo en cuenta desde el principio,
y aunque con elementales máquinas que traían mas de un problema
al operador, las proyecciones se hacían hasta cuatro veces por
semana, a las que a veces se agregaba la proyección de películas
documentales que el Ingeniero Szwimer, director entonces de la Escuela
Agropecuaria, lograba de las embajadas.
En un momento dado fue necesario reparar o reemplazar las máquinas
proyectoras, que en el edificio nuevo, levantado en la década del
60, tienen su sala especial. Este edificio es motivo de orgullo para los
riverenses y de admiración para los artistas que vienen a trabajar
en su escenario, pero el público ya no responde al esfuerzo que
demanda mantener la actividad cinematográfica, y aún en
los años en que en Rivera se proyectaban las mejores películas
simultáneamente con la Capital Federal, no se lograba la asistencia
del público necesario para solventar los gastos.
El magnífico edificio del Centro Cultural Israelita, además
de la Biblioteca, tiene un salón de espectáculos, el Alberto
Gerchunoff, de 20 x 17 m, 470 butacas tapizadas, un escenario de 17m de
boca y de ancho por 7,20 m de fondo y 5 m de alto; un gran hall de entrada
que si es necesario se utiliza para cualquier actividad. Tiene una sala
para actividades sociales, la “José Hernández”,
donde cómodamente caben cien personas, sala en la que además
se dictan conferencias, se hacen exposiciones, espectáculos de
café concert, se celebran cumpleaños. Al frente funciona
el bar social, explotado por un concesionario.
Talleres
Una actividad que nació con el Centro Cultural Israelita es el
teatro. No debemos olvidar que los colonizadores traían consigo
el amor al teatro. Desde esos inicios hasta ahora, Rivera sigue gustando
del teatro. En su escenario han actuado grandes artistas a través
de los años, y cuando no es posible traer compañías
de afuera, la actividad se realiza con grupos filodramáticos locales,
aficionados que con sacrificio han sabido mantener la actividad y siempre
a habido en Rivera por lo menos un grupo de aficionados ensayando una
obra.
Pasaron así, a través del tiempo: Israel Schpoliansky, León
Karabelnicoff, Isaac Kasakevich, Juan Foiguelman, Tito Monje, Jorge Robles,
Salomón Sadi, Juan Gavinoser y Gustavo Elman, como directores.
Actualmente esta actividad está conducida por el profesor Mario
Rossetti y funciona como taller municipal, trabaja con tres grupos: infantil,
juvenil y adultos. Presentan por lo menos una obra cada grupo al terminar
el año, lo que resume la actividad realizada durante la temporada.
Hay intercambio de actividades con otros grupos de teatro de ciudades
vecinas.
Taller de Coro:
La actividad se inició en la década del 70, bajo la conducción
de la profesora María Luisa Manfredotti de Guillerón. Cuando
la Sra. Guillerón no pudo continuar, la actividad se suspendió
hasta que se reinició con el profesor Saul Milner, el 16 de abril
de 1.997 y funcionó muy exitosamente hasta el año 2.002
con el mismo profesor, y con el apoyo de la municipalidad. El año
2.003 el profesor Milner fue reemplazado por un profesor de Santa Rosa
(La Pampa) y en la actualidad ese cargo lo cubre el profesor Raúl
Sicardi, de Coronel Pringles. Es de destacar el intercambio con los otros
coros que funcionan en otras localidades (el Grupo de Jubilados que están
en el coro han asistido a los Torneos Bonaerenses en Mar del Plata completando
la actividad y bajo la supervisión del profesor de turno) se ha
contado con el apoyo del Director General de Coros de la provincia profesor
Mario Mancuso, para realizar magníficos encuentros corales con
asistencia de hasta ocho coros de ciudades del interior de la provincia
de Buenos Aires. Para esa actividad se usó la sala Alberto Gerchunoff,
que por su comodidad y su acústica es irremplazable. Lo mismo se
hizo en las dos oportunidades en que nos visitó el Coro de la Provincia
de Buenos Aires.
Taller
de cerámica:
Se inició a partir de 1.982, bajo la conducción de la Sra.
Susana Zubillaga, trabajó tres años consecutivos. Cada año
culminó con una exposición de los trabajos realizados.
Taller
de costura:
Funcionó durante siete años consecutivos, a partir de 1.990,
con la profesora Nélida Krotter de Diego, con un promedio de 20
alumnas, aunque llegó a tener 35. Las asistentes aprendían
corte y confección, con práctica, ya que mientras aprendían
confeccionaban la ropa.
En la práctica resultó un curso sumamente positivo, que
terminó todos los años con una exposición de lo confeccionado.
Taller
Literario:
En el año 1.997, con el consentimiento previo de la Comisión
Directiva del Centro Cultural Israelita, la señora Adelinda Castillo
de Alcayaga le propuso al señor Hugo Neubauer, hacer en su radio
“Comunidad” un espacio literario todos los sábados.
En ese espacio se tomarían los primeros diez minutos para tratar
un tema de gramática normativa. El propósito era corregir
errores demasiado frecuentes en la expresión. En la segunda parte
del programa les hablaría de un libro leído, comentándolo
en la forma que en literatura se hace para aprender a leer un libro sacando
todo el provecho posible. Aceptado el proyecto así se hizo.
Cuando se agotaron los temas de gramática se siguió con
el comentario literario que se completaba con la lectura de trozos, así
fuera poesía, prosa o teatro. Esto se hizo a razón de un
libro por semana.
Para terminar el año se convocó a un grupo de jóvenes
que gustan del teatro. Se eligió “corona de amor y muerte”
de Alejandro Casona que se llevó a la radio como teatro leído.
Resultó un buen radioteatro que gustó mucho.
Al año siguiente, 1.998, surgió la posibilidad de trabajar
en el Centro Cultural Israelita con un taller literario subvencionado
por el gobierno de la provincia de Buenos Aires. La Comisión Directiva
ofreció a la Sra. Alcayaga la oportunidad de hacerlo y trabajó
con un grupo de quince adultos con los que se inició el año
dando técnicas de trabajo y se terminó haciendo práctica
de HAYKU (poesía tradicional japonesa). Los alumnos dieron a conocer
sus trabajos en el Bar Social donde se compartió un café
literario. El mismo año el Centro Cultural Israelita cumplía
73 años. Con ese motivo se convocó a todos aquellos riverenses
que escriben poesía. El resultado fue un cuadernillo editado con
el nombre de “riverenses sensibles y creativos” donde se publicaron
poesías escritas por diecinueve valientes que dieron a conocer
su trabajo.
En 1.999 se tuvo el apoyo municipal y aumentó el número
de talleristas. Se trabajó con lectura, análisis literario
y redacción. Se terminó el año con una sesión
de teatro leído, con “Los Políticos” de Nemesio
Trejo. El taller literario “Sentir” recopiló composiciones
en un cuadernillo y lo mismo se hizo al año siguiente.
En el año 2.000 no se tuvo ningún apoyo económico,
y con el mismo número de alumnos culminó el año lectivo
con un cuento leído y comentado “Prosas del cura y del montonero”
de Félix Luna, al que se puso música de fondo con “Brochereando”
interpretado por Carlos Di Fulvio. Fue un trabajo muy positivo, el del
Talle, cosa que se advierte sobre todo en el archivo de redacciones realizadas
por los talleristas.
Otras actividades: Presentaciones de libros
-“Las dalias” de Ana Klas de Glaser
-“Termas de Carhué” de Enzo A. Gasparri
-“La ecuación argentina” de Francisco Loewy
-“La patria de las mujeres” de Elsa Drucaroff
-“La encrucijada” de Francisco Loewy
-“La economía social como motor de desarrollo” de David
Hirtz
En el Centro Cultural Israelita desarrollaron sus actividades la Escuela
de Danzas folckóricas “Los Charitos”, la de danzas
españolas dirigida por Cristina de Orta; se escucharon charlas
y conferencias con personajes importantes (César Tiempo, Iñaqui
de Aspiazu, Caldas Villar) A esto deben agregarse las tradicionales charlas
de café, donde disertaban profesores y maestros locales.
Nuestra sala Alberto Guerchunoff albergó el paso de artistas de
la categoría de Berta Singerman, la Camerata Bariloche, Orquestas
de Cámara, la Orquesta sinfónica de Bahía Blanca,
el Ballet Bransen, el de Bahía Blanca y el de Necochea, Cacho Tirao,
Carlos di Fulvio, Mercedes Sosa, Los Fronterizos, Jorge Cafrune, Atahualpa
Yupanqui y hasta un grupo folklórico local integrado por cuatro
estudiantes de nivel medio: Abel y Julio Sitz, Natalio Mirensky y C. Heimbigner.
Todo lo narrado en este espacio es una pequeña parte de lo que
hace de Rivera un pueblo muy especial. Por algo aun los que siempre fuimos
medio nómades, encontramos en Rivera un pueblo donde echar raíces.
> El Centro,
el Cine y los Mass-Media (por Dude)
Los aniversarios y particularmente
el centenario de Rivera son acontecimientos propicios para la celebración,
pero también imponen una mirada retrospectiva , una valoración
del camino recorrido en el plano de las actividades institucionales.
Uno de los aspectos que singularizó a la población de Rivera,
fue su temprana inclinación en pos de resolver de manera asociativa
las necesidades comunes, mediante la creación de entidades que
promovieran el bienestar colectivo.
Aquellas inquietudes también impulsaron la fundación del
Centro Cultural Israelita en 1925.
Es de todos conocida la intensa actividad que ha cumplido esta institución
generando distintas actividades culturales, especialmente a través
de su Biblioteca José Ingenieros como así por medio de la
divulgación cinematográfica.
Precisamente la difusión de literatura y el conocimiento por parte
del público de creaciones de cine de representación histórica,
social o política, aportaron a la configuración del imaginario
colectivo.
Inspirados por un sentimiento de pertenencia al Centro Cultural Israelita
y como integrantes de una de las últimas generaciones “que
se formó en las salas de cine” (1), queremos poner de resalto
la trascendente labor de difusión cinematográfica cumplida
por esa entidad durante décadas.
Esta tarea acometida como un objetivo institucional, sostenido en el tiempo,
se implementó mediante un criterio selectivo abarcador de las mas
diversas tendencias creativas, procurando siempre la integración
de ciclos orgánicos con obras de valor artístico o testimonial
reconocido.
La memoria nos remite a los tiempos de nuestra infancia y a las primeras
aproximaciones al cine.
Es imposible olvidar, cuando promediando la década de los años
cuarenta, los pibes nos apiñábamos frente a la puerta de
la sala del Centro, aguardando con impaciente expectativa que el portero,
señor Chechik, luego de recomendarnos buen comportamiento, nos
franqueara el ingreso a ese ámbito único, que nos permitía
disfrutar plenamente de aquella sucesión de imágenes.
Hoy evocamos a aquel salón de nuestro pueblo, construido con adobes
y chapas acanaladas, en cuyo interior varias generaciones de riverenses
experimentamos la intransferible vivencia de cine.
Esa sala bordeada por palcos escasamente funcionales, fue el lugar en
el que pudimos decantar la predilección por el cine como creación
artística, portador de un mensaje trascendente que ha enriquecido
nuestra cosmovisión y estimulado la apertura de ánimo para
la percepción de diversas culturas y realidades sociales.
Cuando concluía la segunda guerra, el cine era la única
expresión testimonial audiovisual que reflejaba en todo su intenso
dramatismo las iniquidades del conflicto bélico, que se extendió
por Europa y dejó su secuela de muerte y destrucción.
Fue el primer acercamiento del público de Rivera a aquella realidad
ineluctable de la guerra y su absurda tragedia.
Contemporáneamente comenzaron a manifestarse diversas tendencias
en la cinematografía mundial, las cuales fueron dadas a conocer
en la pantalla del Centro: el neorrealismo italiano, las creaciones de
Ingmar Bergman, las realizaciones provenientes de Polonia y Checoeslovaquia.
Los excelentes trabajos de los directores norteamericanos, la nueva ola
del cine francés, los aportes de los cineastas rusos y japoneses.
La interrupción por períodos relativamente prolongados de
las exhibiciones de cine tuvieron su origen en los altos costos operativos,
riesgos de déficit económico debido a la marcada disminución
del número de asistentes y en razón de las dificultades
para seleccionar material de calidad.
Desde la institución se efectuaron apelaciones al público
para despertar el interés por las exhibiciones de cine y se destinaron
recursos para la adecuación técnica del sistema de proyección
y propagación del sonido.
En la actualidad persisten las mismas condiciones que tornan económicamente
inviable la actividad.
Obviamente la televisión y el video alejaron gradualmente a un
sector numeroso de la población de la presencia en el cine.
El primer programa de televisión que obligó a la cancelación
de las funciones de cine de los martes, fue Rolando Rivas taxista.
La televisión –una de las modalidades mas difundidas de la
mass-media- modificó los hábitos culturales de la gente.
Es que los atributos de este medio, consistentes en la posibilidad de
dar a conocer un acontecimiento en el preciso instante en que ocurre,
o de ofrecer gran diversidad de información y entretenimiento,
condicionaron de modo muy severo la permanencia de la programación
de films a cargo del Centro.
También gravitó negativamente la crisis económica
que se desencadenó promediando la década pasada, que deprimió
el ánimo de la población, e importantes segmentos de público
no se sintieron movilizados para asistir al cine. Prefirieron quedarse
mas adentro de sus casas.
Hacemos nuestras las palabras del realizador Pino Solanas: “Las
generaciones actuales se forman en el zapping.La televisión no
está en el lugar litúrgico de la sala y el espectador actual
se acostumbra a la dispersión”. (2)
Los jóvenes no se sienten atraídos por el cine. Encuentran
modalidades para expresarse por medio del chat o la Internet. Los reúne
un universo virtual de códigos e ideas inherentes a su formación
que comparten con sus iguales.
Todavía no hay ninguna alternativa a la cultura escrita que posea
las cualidades de ésta, para contribuir a la formación de
los jóvenes.
El cine es asimismo un medio de expresión que posibilita vivir
plenamente una emoción colectiva y que atesora en nuestro interior
imágenes y percepciones sensoriales.
“Donde llegan los mass-media, no quedan intactas las creencias,
los saberes y las lealtades. Todos los niveles culturales se reconfiguran”
(3). Esta opinión de la socióloga Beatriz Sarlo también
caracteriza como ven afectado su cometido entidades generadora de cultura
como el Centro.
Auguramos que a pesar de las dificultades el Centro en adelante logre
procesar hacia la revalidación de su condición de ámbito
de integración social, de encuentro de la gente en torno de una
tarea común y de construcción de experiencia.
1) y 2) Pino Solanas en Suplemento Ñ de Clarín.-6/03/2004.
2) Beatriz Sarlo en Escenas de la vida posmoderna, pag. 111.
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